Sinopsis:
La primera noche de Luis Alberto Restrepo narra la historia comunal de un país desde la perspectiva íntima de sus protagonistas. Hace de la tragedia el material de un relato sobre los conflictos de nuestra violencia reciente, fragmentado en el tiempo y el espacio para subrayar el carácter de sobresalto emocional que sufren los personajes. El guión establece parejas que se atraen y se rechazan, poniendo en juego la vida: los dos hermanos toman opciones distintas –la guerrilla y el ejército-; las dos madres tienen cada una dos hijos enfrentados a la situación precaria de la guerra; el contraste entre el campo y la ciudad invoca el miedo con diferentes matices; el espejismo de la solidaridad se ve amenazado por la mezquindad; la mujer reta al hombre y entre los dos se acompañan para no sucumbir; la permanencia en la calle donde se construye la historia a través de la memoria que invoca la pesadilla, se opone al vértigo de la escapatoria inicial, cuando huir garantiza la vida; a la ausencia de rumbo que tienen los personajes, un afiche propone desde la vitrina al frente de la que se instalan los desplazados: “Viaje al fin del mundo”.
No hay planos generales: la mayoría de los planos son cerrados y acercan la mirada de una forma dolorosa a las circunstancias narradas. La cámara subjetiva que describe el miedo del soldado al que persiguen los paramilitares, es la visión de un país acorralado por el miedo. Cada escena es una semblanza de la vida nacional. No hay alegatos ni discursos morales. La descripción es suficiente para comprender el punto de no retorno al que llegan los personajes.
La inteligencia del guión, escrito por Alberto Quiroga y Luis Alberto Restrepo, está en sugerir, no en concluir. Confía en la inteligencia del espectador para que sea él quien elabore sus propios argumentos. Aprovecha la realidad y hace con ella una ficción de lógica devastadora, trazada con la perfección de un círculo. El final abierto nos habla de un destino impredecible, de la suerte con la que se sobrevive, día tras día, de milagro. Aquí el centro es el poder y la periferia el territorio por el que huyen los que han perdido a los que les robaron el eje de sus vidas y escapan de la muerte.
La primera noche: el adjetivo que califica la noche, anuncia la multiplicación de otras noches posibles, el preámbulo de una incertidumbre que no cesa. La película es así tan dolorosa como necesaria: humaniza la crónica cotidiana de los conflictos por los que atraviesa Colombia y nos regresa el país con argumentos mucho más contundentes que las manipulaciones periodísticas. Más allá de la encrucijada sobre la que se apoya esta película, su permanencia en el tiempo la asegura una afirmación implícita en cada uno de sus fotogramas: la necesidad de arriesgarlo todo para hacer de la vida un acto de coraje que contrarreste, de alguna manera, el imperio y la soberbia de la muerte.
Hugo Chaparro Valderrama
Laboratorios Frankestein |