Bolivar Soy Yo
Título Original: Bolivar Soy Yo
Director: Jorge Alí Triana.
Guión: Jorge Alí Triana, Manuel Arias, Alberto Quiroga.
Producción: Jorge Alí Triana.
Productores ejecutivos: Clara María Ochoa, Gustavo Angel.
Dirección de arte: Rosario Lozano.
Montaje: Erick Morris.
Música: Osvaldo Montes.
Sonido: Mario Martínez.
Reparto:
Robinson Díaz, Amparo Grisales, Jairo Camargo, Fanny Mikey, Gustavo Angarita, María Eugenia Dávila, Carlos Barbosa, Alejandra Borrero, Santiago Bejarano, Ana Soler, Alvaro Rodríguez, Vicky Rueda, Diego Vélez, Victoria Valencia, Margarita Ortega, Juan Pablo Franco, Marcela Sarmiento.
País de Orígen: Colombia
Año de producción: 2002
Duración: 93 min.
Formato: 35 mm., color.

Sinopsis:
Al menos dos tradiciones del cine colombiano se reúnen en los planos iniciales de Bolívar soy yo: los equívocos históricos y el sainete nacional. Cuando Robinson Díaz se presenta como un Bolívar que recuerda a Don Quijote y Jesucristo, emparentándose con ellos por la proeza y los delirios que comprometieron el carácter heroico tanto del Libertador como de los personajes a los que recuerda, acaso evidenciando que la realidad y la ficción se entrecruzan de forma inevitable en ciertas biografías, el tono recitativo de la escena inicial se quebranta bruscamente cuando se descubre que el Bolívar televisivo obedece a las mentiras acartonadas de una historia protagonizada por titanes míticos, obligando a que el actor reniegue de tales mentiras y haga de su personaje un ser terrenal, doblegado por la incertidumbre, el temor y las dificultades a las que estuvo sometido el héroe real.

A partir del giro que impone el guión, el tortuoso laberinto de Bolívar, enfrentado a la realidad como un Dr. Jekyll y Mr. Hyde que no alcanza a definir cuándo es él mismo actuando a otro personaje y cuándo el personaje usurpa la realidad del actor, la ironía se revela en las contradicciones que tienen como centro de su tragicomedia al soldado romántico por excelencia.

El ingenio de encontrar personajes y tiempos diversos en el transcurso de una trama, llevado al extremo de comedia literaria por Mark Twian en Un yanqui en la corte del Rey Arturo, anima la curiosidad por conocer lo que sucede o habría sucedido con Bolívar extraviado en un siglo, el XXI, condenado a la tragedia. El efecto es inmediato y lo conduce Robinson Díaz, marcando el rumbo dramático alrededor del cual gira el resto del reparto.

Las visiones alucinadas del Bolívar según Díaz, el director Jorge Alí Triana, y los guionistas, Manuel Arias y Alberto Quiroga, estableciendo un juego de espejismos en el que se confunden los umbrales de la realidad, plantea un vaivén de situaciones que justifican la parodia del caos hecho ironía. El hecho de que el Presidente de la República sea secuestrado por Bolívar, rodeados tanto por la geografía del río Magdalena como por aquellos que el lugar común ha definido como “los actores del conflicto”- la guerrilla enfrentada a los soldados, sumándose al reparto los traidores que agobiaron en su tiempo a Bolívar, invierten los términos de un cine político que ya tuvo su lugar en el cine latinoamericano a partir de los años 60, cuando se confundían ficción, sociología y testimonio circunstancial: en Bolívar soy yo la realidad impulsa una ficción que utiliza el testimonio y lo aprovecha en beneficio de su lógica disparatada, rebasando la circunstancia inmediata y describiendo el panorama de la locura a la que estamos sometidos, de alguna manera, en este ámbito que redujo el sueño de La Gran Colombia a una Colombia fragmentada por el miedo y recreada en sus ficciones como un conjuro que nos permite enfrentarla, al menos desde la invención, con otros argumentos.

Hugo Chaparro Valderrama
Laboratorios Frankestein


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